Cuenta la leyenda que, en el principio de los tiempos, el gran río Orinoco
comenzó a rugir y del fondo se escuchaban truenos y salían rayos...Después elevó
sus aguas y se desbordó por toda la tierra cubriendo árboles, selvas y chozas.
De toda la población de los tamanacos sólo pudo salvarse una pareja que corrió
hacia lo más alto de una roca llamada Tepumereme. Desde allí vieron la
destrucción de la tierra mientras esperaban la muerte. Después de varios días,
vieron una pequeña curiara que avanzaba hacia ellos por encima de las grandes
olas del río y em medio de árboles y bejucos que flotaban en la corriente. Sobre
la canoa venía un hombre alto y fuerte que dejaba ver la brillantez de sus ojos:
era Amalivaka, quien venia con su hermano Vochi y las dos hijas de éste. Cuando
llegaron a la roca Tepumereme, el poderoso dios dibujó las figuras del sol y la
luna; en el mismo instante empezó a rehacer el mundo ayudado por su hermano y
por sus sobrinas. Después ordenó a las aguas del río que volvieran a su cauce y
que corrieran desde la montaña hacia el mar, y al viento que soplara del mar
hacia la montaña. Después Amalivaka tocó su tambor de piedra y cantó diciéndole
a la pareja sobreviviente: " Yo he venido del otro lado del río y quiero que
ustedes vuelvan a poblar la tierra. Cogerán los frutos de la única palmera
moriche que ha quedado, que es el árbol de la vida, y arrojen sus frutos hacia
atrás por encima de sus cabezas". La pareja obedeció y de cada semilla que caía
en tierra se iba formando un hombre y una mujer. De ellos surgieron las nuevas
generaciones. Después de ordenar la nueva creación, Amalivaka, padre original de
los tamanaco, se embarcó nuevamente en su curiara, remontó la corriente del
Orinoco y se marchó para no volver jamás. Los descendientes de Amalivaka, gente
valiente, construyeron churuatas, prepararon la tierra y la sembraron de maíz,
tejieron chinchoros, hicieron utensilios de cocina, pescaron, cazaron,
prepararon alimentos, hicieron festividades, se adornaron con plumas de
papagayos, elaboraron flautas y tambores para cantar y bailar en honor a
Amalivaka. Pero un día, del lado del mar, llegaron grandes canoas con gente
cubierta por extraños ropajes. Eran hombres de piel clara, con pelo en el
rostro; hijos de los espíritus dañinos quienes, con potentes y ruidosas armar,
apagaron los sonidos de los tamanaco para siempre, dejando tan sólo los dibujos
de la luna y el sol que Amalivaka pintó en la roca al momento de realizar la
segunda creación. Fuente: Venezuela para Jóvenes, Tomo 4
domingo, 18 de diciembre de 2011
sábado, 17 de diciembre de 2011
Creación por el Pensamiento
Relato de un indio winnebago de wisconsin, recogido por Paul Radin.
No sabemos sobre que yacía nuestro padre cuando despertó. Movió su brazo derecho, luego el izquierdo; su pierna derecha, luego la izquierda. Se puso a pensar que debía hacer hasta que por fin comenzó a llorar y las lágrimas brotaron de sus ojos y cayeron bajo él. Después de un tiempo bajó su vista y vio algo brillante. Los objetos brillantes eran sus lágrimas, que habían corrido bajo él y formando las aguas que ahora están......El creador-de-la-Tierra comenzó de nuevo a pensar. Pensó: Es asi, cualquier cosa que desee será tal como lo quiera, así como mis lágrimas se transformaron en mares. Siguió pensando. Deseo luz y la luz se hizo. Entonces pensó: Es tal como yo lo supuse: las cosas que yo quiero se transforman en realidad, tal cual como quise. Nuevamente pensó y deseó la tierra, y la tierra comenzó a existir. Creador-de-la-Tierra, miró la Tierra y le gustó, aunque no estaba tranquila......(Después que la Tierra se tranquilizó) pensó de nuevo sobre cómo las cosas llegaban a existir tal como él lo deseaba. Entonces comenzó a hablar. Dijo: Como las cosas son tal como yo deseo voy a crear otro ser como yo. Tomó un poco de tierra y la moldeó a su semejanza. Habló a lo que había formado, pero no le contestó. Lo miró y vio que no tenía mente ni pensamiento. Le hizo una mente. Volvió a hablarle, pero tampoco respondió. Lo miró otra vez y vio que no tenia lengua. Le hizó una lengua. Volvió a hablarle, pero no le respondió. Lo miró otra vez y vio que no tenía alma. Le hizo un alma. Volvió a hablarle y casi no pudo hablar. Pero no podía hacerse entender. Entonces, Creador-de-la-Tierra puso aliento en su boca y le habló, y él contesto.
Paul Radin, The Winnebago Indians, en Thirty-seventh Annual Report, Bureau of American Ethonology (Washintong, DC; 1923), págs. 212-3.
No sabemos sobre que yacía nuestro padre cuando despertó. Movió su brazo derecho, luego el izquierdo; su pierna derecha, luego la izquierda. Se puso a pensar que debía hacer hasta que por fin comenzó a llorar y las lágrimas brotaron de sus ojos y cayeron bajo él. Después de un tiempo bajó su vista y vio algo brillante. Los objetos brillantes eran sus lágrimas, que habían corrido bajo él y formando las aguas que ahora están......El creador-de-la-Tierra comenzó de nuevo a pensar. Pensó: Es asi, cualquier cosa que desee será tal como lo quiera, así como mis lágrimas se transformaron en mares. Siguió pensando. Deseo luz y la luz se hizo. Entonces pensó: Es tal como yo lo supuse: las cosas que yo quiero se transforman en realidad, tal cual como quise. Nuevamente pensó y deseó la tierra, y la tierra comenzó a existir. Creador-de-la-Tierra, miró la Tierra y le gustó, aunque no estaba tranquila......(Después que la Tierra se tranquilizó) pensó de nuevo sobre cómo las cosas llegaban a existir tal como él lo deseaba. Entonces comenzó a hablar. Dijo: Como las cosas son tal como yo deseo voy a crear otro ser como yo. Tomó un poco de tierra y la moldeó a su semejanza. Habló a lo que había formado, pero no le contestó. Lo miró y vio que no tenía mente ni pensamiento. Le hizo una mente. Volvió a hablarle, pero tampoco respondió. Lo miró otra vez y vio que no tenia lengua. Le hizó una lengua. Volvió a hablarle, pero no le respondió. Lo miró otra vez y vio que no tenía alma. Le hizo un alma. Volvió a hablarle y casi no pudo hablar. Pero no podía hacerse entender. Entonces, Creador-de-la-Tierra puso aliento en su boca y le habló, y él contesto.
Paul Radin, The Winnebago Indians, en Thirty-seventh Annual Report, Bureau of American Ethonology (Washintong, DC; 1923), págs. 212-3.
viernes, 2 de diciembre de 2011
La Madre Universal y Deidad Suprema
Lo que sigue está tomado del pueblo Kagaba de Colombia, en Suramérica.
En el comienzo, la madre de nuestros cantos, la madre de nuestras semillas nos hizo nacer, por lo cual es la madre de todo tipo de nombres, la madre de todas las naciones. Es madre del trueno, madre de los arroyos, madre de los árboles y de las cosas. Es madre del mundo y de los hermanos mayores, la gente de piedra. Es madre de los frutos de la tierra y de todas las cosas. Es la madre de los hermanos menores, los franceses y los extranjeros. Es la madre de los adornos que usamos para la danza en nuestros templos y es la única madre que poseemos. Sólo ella es madre del fuego, del sol y de la Vía Láctea....Es madre de la lluvia y la única madre que poseemos. Y nos ha dejado un recuerdo en todos los templos...un recuerdo en forma de cánticos y danzas.
A ella no se rinde culto ni se le dirigen oraciones en forma directa, pero cuando los campos se han sembrado y los sacerdotes cantan sus hechizos, los Kagaba dicen:.......entonces pensamos en la madre de todas las cosas. Se ha registrado esta oración: Madre nuestra de los campos florecientes, madre nuestra de los arroyos ten piedad de nosotros. ¿A quién pertenecemos? ¿De quién somos semillas? Sólo pertenecemos a nuestra Madre.
Paul Radin, Monotheism Amog Primitive
people, New York, Pág 15; traducido y citado
por K. T. Preuss
En el comienzo, la madre de nuestros cantos, la madre de nuestras semillas nos hizo nacer, por lo cual es la madre de todo tipo de nombres, la madre de todas las naciones. Es madre del trueno, madre de los arroyos, madre de los árboles y de las cosas. Es madre del mundo y de los hermanos mayores, la gente de piedra. Es madre de los frutos de la tierra y de todas las cosas. Es la madre de los hermanos menores, los franceses y los extranjeros. Es la madre de los adornos que usamos para la danza en nuestros templos y es la única madre que poseemos. Sólo ella es madre del fuego, del sol y de la Vía Láctea....Es madre de la lluvia y la única madre que poseemos. Y nos ha dejado un recuerdo en todos los templos...un recuerdo en forma de cánticos y danzas.
A ella no se rinde culto ni se le dirigen oraciones en forma directa, pero cuando los campos se han sembrado y los sacerdotes cantan sus hechizos, los Kagaba dicen:.......entonces pensamos en la madre de todas las cosas. Se ha registrado esta oración: Madre nuestra de los campos florecientes, madre nuestra de los arroyos ten piedad de nosotros. ¿A quién pertenecemos? ¿De quién somos semillas? Sólo pertenecemos a nuestra Madre.
Paul Radin, Monotheism Amog Primitive
people, New York, Pág 15; traducido y citado
por K. T. Preuss
jueves, 20 de enero de 2011
Cosmovisión Aymara
Han pasado muchos años y miles de año, no había vida en este mundo Aymara. Tampoco había esta tierra, ni había el lago, el cielo, la luna, ni el sol. Porque todo era vacío, solamente hubo el aire nada más. En ella se econtraba el D*os Padre, el no más vivía, y se encontraba caminado en ese aire. Por eso, pues, un día pensó ese buen D*os Padre juntando esa idea y ese aire vacío sopló diciendo: Ahora está sea el cielo. Ese cielo era de color azul, así también era muy brillante. Habiendo el cielo, el buen D*os Padre decía: ahora qeu se hagan las estrellas, diciendo. Por eso él botando salivaal aire derramó en muchas partículas. Entonces de esta saliva se formó las estrellas. Después, este buen D*os Padre seguía reflexionando de ahí lo juntó con sus manos. Después de juntar hizó la creación de la tierra. Esta tierra era vacía no más, no tenía agua estaba totalmente vacia. Viendo así el decía ah..... esta tierra está seca por eso escupió al suelo de la tierra: que en esta tierra haya agua, que haya flores, y árboles. Entonces de esta saliva se formaban ríos, lagos y mares. Por eso en esta tierra remojada hubo muchos árboles, y flores. Y así el campo estaba todo verde. Luego D*os Padre se encontraba muy contento y feliz. Después de haber creado pastos y árboles, El seguía pensando, por ello decía ah.......y ahora sigue faltando algo. Después el creó varias especies de animales. A estos animales los puso en la tierra. Posteriormente El se dio cuenta, que estos animales andaban así nomás, no habia nadie para que se encarge con el cuidado. Por eso D*os Padre, pensó en crear un hombre. El empezó así modeló de una piedra una imagen a su semejanza, y cuando ya estaba terminando cogió el agua y la puso dentro del cuerpo de la imagen y con un soplo lo convierte crea a un ser que tiene vida, denominado que este será hombre. Luego D*os Padre piensa que este ser creado por El se encontraba sólo en el paraiso, por el era hijo de D*os. Luego un día D*os Padre pensó: ¿`Por qué este hombre se encuentra sólo? Ni tampoco puede hablar con los animales dicendo pensó. Por eso creó una mujer, y los hizo asi: Primero recogió muchas ramas, como rosas y bonitas flores, luego con sus manos lo amasó y modeló a la imágen del hombre. Entonces haciendo así D*os Padre sacó unas costilla pequeña del hombre y la puso dentro del modelado y con un soplo en la nariz creó a la pareja, y a este nuevo ser lo llamó mujer. Luego a esta mujer D*os la entrega al hombre, diciendo: ahora los dos vayan a vivir en este pueblo, ustedes van a criar los animales y trabajarán la chacra y vivirán muy bien en este paraíso diciendo los aconsejó. Porque ellos eran los primeros hombres, y como sus hijos más queridos del D*os Padre. Luego D*os Padre decía: Vayan y pueblan toda la tierra ustedes serán padre y madre de todas las generaciones. Asi también ustedes serán los que guíen a ellos. Así D*os Padre dio buenos consejos, para que este pueblo viva bien de cómo ellos puedan progresar en ser buenos hombres, todas estas idas han dado. También seguía enseñando las buenas maneras de vivir bien, y que tengan amor entre ellos, para que así las futuras generaciones puedan encontrar esa misma vida. Luego aconsejaba las buenas constumbres, y las buenas leyes, todo esto lo enseñaba, porque D*os quería que la gente viva de acuerdo a su voluntad. El no queria divisionismo, ni tampoco que haya odio, ni robos. Por eso para el beneficio de la gente creó las buenas costumbres y muchas leyes, porque D*os creó a la gente en este pueblo Aymara, entonces así nuestro pueblo Aymara se levanta muy bien. A veces saber esto es necesario. Escuchando esto, quizás a veces decimos que no es bueno, pero sin embargo podemos decir que hay muchas cosas para saber de nuestra gente Aymara, así es para que nosotros podamos pensar y reflexionar.
viernes, 14 de enero de 2011
El origen de la tierra y el hombre
Muchos años antes de existir la tierra miles de personas de diferentes especies, tamaños y formas vivían en la otra tierra, eran sólo vientos o espíritus. Una vez en un sueño que tuvieron esas personas vieron que una abuela y un abuelo de avanzada de edad les decía en sueño: Ustedes ya han vivido mucho tiempo aquí, así que ustedes se merecen una casa donde puedan vivir. Los abuelos les dieron poder para que personificaran sus cuerpos y formaran la casa. Esas personas formaron sus espíritus en cuerpos reales pero no pudieron formar la casa porque unos a otros empezaron a chocarse y hacerse daño, ejemplo el agua peleó con la piedra y la desmoronaba con su cuerpo, el aire soplaba y tiraba lejos a los a él se arrimaban.
En un segundo sueño los abuelos le dijeron: Ustedes no pueden seguir asi divididos, lo importante es que unan sus cuerpos y así formaran una casa grande donde puedan vivir, y asi hicieron y fue madurando la tierra. El Ks` a `w sueño ayudó a ubicar las personas de manera que pudieran vivir sin hacerse daño entre ellas, al pasar el tiempo la tierra fue madurando porque al principio tenía mucha agua y la tierra era blanda pero con la ayuda de KWETWE`S (Peklu) hombre de piedra, quien convirtiendo algunas personas en piedra y sembrándolas en la tierra ella se volvió maciza y dura. Antes de madurar la tierra las personas como KWETW`S no podrian caminar porque la tierra era muy blandita y se undían las personas, después de ubicar a las personas en su casa, la abuela y el abuelo empezaron a hacer y crear las cosas que hacía falta a la casa o tierra, pero al lado del abuelo y abuela andaban otra persona de rostro blanco era el EC, espíritu travieso que quería inventar o crear las cosas los abuelos iban haciendo, ejemplo los abuelos crearon el n`ad`, volcán, el otro creó el nevado pero pequeño. Los abuelos crearon puentes y el EC hacía puentes pero cuando iba construyendo la mitad, los abuelos ya habian terminado y le ganaban. Así de esta manera la competencia entro ellos siguen en esta casa o en esta tierra.
En un segundo sueño los abuelos le dijeron: Ustedes no pueden seguir asi divididos, lo importante es que unan sus cuerpos y así formaran una casa grande donde puedan vivir, y asi hicieron y fue madurando la tierra. El Ks` a `w sueño ayudó a ubicar las personas de manera que pudieran vivir sin hacerse daño entre ellas, al pasar el tiempo la tierra fue madurando porque al principio tenía mucha agua y la tierra era blanda pero con la ayuda de KWETWE`S (Peklu) hombre de piedra, quien convirtiendo algunas personas en piedra y sembrándolas en la tierra ella se volvió maciza y dura. Antes de madurar la tierra las personas como KWETW`S no podrian caminar porque la tierra era muy blandita y se undían las personas, después de ubicar a las personas en su casa, la abuela y el abuelo empezaron a hacer y crear las cosas que hacía falta a la casa o tierra, pero al lado del abuelo y abuela andaban otra persona de rostro blanco era el EC, espíritu travieso que quería inventar o crear las cosas los abuelos iban haciendo, ejemplo los abuelos crearon el n`ad`, volcán, el otro creó el nevado pero pequeño. Los abuelos crearon puentes y el EC hacía puentes pero cuando iba construyendo la mitad, los abuelos ya habian terminado y le ganaban. Así de esta manera la competencia entro ellos siguen en esta casa o en esta tierra.
Leyenda Zapoteca sobre la Creación.
Hubo una reunión muy importante, en donde se reunieron los dioses y las diosas, entre ellos estaban dos muy importantes que se pusieron a discutir sobre cómo crear la tierra. Uno decía que no era necesario crear la tierra, era mejor que mantuvieran las cosas así como estaban. La otra deidad exponía sus razones para crear la tierra, se debía permitir que hubiera vida en animales, plantas, seres humanos, para que todo fuera bonito y bueno, así que debían todos colaborar, sobre todo el que tenía la propiedad de la tierra, sólo se necesitaba un puñito para crear la tierra. El poseedor de la tierra era un dios que no estaba dispuesto a dar nada para este plan. Una y otra vez la deidad que tenia este noble deseo de crear la tierra, dialogó, peleó hasta que el dios egoísta lo corrió de sus dominios, lo aventó al piso y en ese instante la deidad soñadora de la tierra inscrustó su uñas en ese lodo, y resignada no luchó más y se fue lejos de la presencia del dios egoísta.
La deidad soñadora iba con los puños cerrados, todos pensaron que por la derrota, por el fracaso de su sueño. Cuando se alejó a una distancia prudente dijo: Por fin tengo lo que necesitaba, un poco de tierra, limpió cuidadosamente sus uñas, he hizo un puñito de tierra, y sintiéndose muy alegre, hizo maravillas con ese puñito empezó a crecer y crecer, hasta llegar a ser esto que vemos. Le puso agua, animales, plantas, montes, ríos, mares, insectos, gusanos, serpientes, lagartos, de todo lo que conocemos y también hizo a hombres y mujeres de esa misma tierra. Qué alegría inundó a todo lo creado ya que los otros dioses ayudaron en esto.
La deidad soñadora sintió que su sueño hecho realidad necesitaba de calor y luz y él mismo invitó a sus compañeros a convertirse en estrellas luna y sol y de esta forma todos los otros dioses, maravillados por toda esta gran obra, aceptaron en convertirse en astros, sólo pidieron a los seres humanos que recordaran toda la lucha.
La deidad soñadora iba con los puños cerrados, todos pensaron que por la derrota, por el fracaso de su sueño. Cuando se alejó a una distancia prudente dijo: Por fin tengo lo que necesitaba, un poco de tierra, limpió cuidadosamente sus uñas, he hizo un puñito de tierra, y sintiéndose muy alegre, hizo maravillas con ese puñito empezó a crecer y crecer, hasta llegar a ser esto que vemos. Le puso agua, animales, plantas, montes, ríos, mares, insectos, gusanos, serpientes, lagartos, de todo lo que conocemos y también hizo a hombres y mujeres de esa misma tierra. Qué alegría inundó a todo lo creado ya que los otros dioses ayudaron en esto.
La deidad soñadora sintió que su sueño hecho realidad necesitaba de calor y luz y él mismo invitó a sus compañeros a convertirse en estrellas luna y sol y de esta forma todos los otros dioses, maravillados por toda esta gran obra, aceptaron en convertirse en astros, sólo pidieron a los seres humanos que recordaran toda la lucha.
sábado, 4 de diciembre de 2010
Yo Soy El Niño de la Selva
Yo soy el niño de la Selva,
de los que orgullosamente se llaman Yekuana
porque somos dueños de los grandes ríos
y de los raudales del Orinoco,
que nuestros padres, desde hace muchos siglos,
navegan en sus intrépidas curiaras,
cortadas en el tronco de un árbol que se abre lento
al compás paciente y obstinado
de las hachas del hierro y del fuego voraz
Ahora, escúchame:
te voy a contar la historia de nuestra vida.
Yo y mis compañeros de edad
a menudo vamos a cazar y pescar
con cerbatana, arco y flechas y redes.
La selva que rodea nuestro pueblo
nos recibe con los aleteos de los ágiles picaflores.
El arco iris de las orquídeas colgadas de los árboles,
a lo largo del río, se refleja gracioso en el agua furtiva
y grandes mariposas color del cielo, parten a tajos
el espacio susurrante de la selva, que a veces
se despierta sobresaltada
por el llamado estrepitoso que lanza una pareja
de guacamayas inseparables.
Nuestro pueblo es una inmensa casa redonda
y erguida en el medio del mundo,
con el techo tensado al cielo.
Su armazón de madera, elevada con sabiduria,
nos enseña de padres a hijos el mundo de nuestros antepasados.
El palo central es el soporte del firmamento.
Y las dos vigas, esbeltas y fuertes, que sostienen el techo
las llamamos Vía Láctea, que ilumina el cielo nocturno.
Cuando sea grande, orgulloso me reuniré con mis amigos
en el recinto central de nuestra morada común,
donde nuestras madres y hermanas en silencio
nos sirven las comidas y las bebidas;
porque ese espacio es sólo nuestro.
Conocemos los secretos de los ríos donde nos gusta nadar,
llevados como hojas traviesas, o contra la corriente
o ras el lecho de rocas.
Conocemos el curso lejano de ríos,
y hasta el número infinito de sus meandros
esta grabado en nuestra memoria,
que no tiene ni libros, ni escritura.
A veces el pueblo entero
se interna en la selva a buscar troncos venenosos
que trituramos y arrojamos al agua.
Entonces los peces grandes y pequeños
empiezan a flotar sobre la corriente asfixiados y tiesos.
Todos juntos volvemos al pueblo alegres
y el estómago pesado de hambre.
Poco a poco se vuelve a poblar el río,
empezando por los cangrejos descarados
que siempre escapan de nuestra pesca venenosa.
Somos fuertes, pero a veces uno de de los nuestros
se enferma.
Entonces el hombre sabio, iniciado duramente
en la soledad y el ayuno,
se sienta en el banco-tigre
y con sus cantos y la maraca sagrada
invoca a Wanadi, el creó el universo,
dónde vivían sólo los Yekuana.
En la casa redonda
el hombre de espalda contra el poste central
la larga escalera que lleva al cielo
cura por fin el mal chupando la piedra que enfermaba.
Cuando nuestros padres regresan de comercios lejanos
o cuando nuestro pueblo termina la construcción
de la casa redonda
festejamos nuestra alegria bailando, cantando, bebiendo
dos, tres, cuatro días sin parar,
hasta vaciar las curiaras
que nuestras madres
han llenado de bebida fermentada,
adornados de nuestros más bellos collares de perlas
y nuestros guayucos escarlatas,
la cara y el cuerpo pintado de onoto,
entramos en la ronda al son
de las trompetas, las maracas y los tambores,
y bailamos y giramos en la noche pálida de la selva,
harta de sueño y silencio.
Pasamos las largas noches
mecidos por el apacible vaivén de nuestros chinchorros.
En silencio escuchamos
a nuestros padres y a nuestros abuelos,
que cuentan las historias de antaño.
En el comienzo de los tiempos,
cuando nuestro único alimento
era la tierra, el mono Kushu supo que los habitantes del cielo
cultivaban la planta de yuca.
Sabiendo cómo nos acuciaba el hambre,
voló hacia el cielo supremo donde descubrió el claro fecundo.
Hurtó sigilosamente la más bella de las matas de yuca,
la escondió debajo de sus uñas negras
y atraveso los cielos inferiores hacia la tierra,
donde sembró la raíz celeste.
Desde ese día nos saciamos con los frutos generosos que nos da ese árbol de vida,
que sólo pueden sembrar nuestras madres,
quienes llevan en ellas la vida de nuestra tribu.
Hace mucho tiempo hubo dos águilas enormes
llamadas Dimoshi, que devoraban
a todos los que vivían en nuestra tierra.
Entonces la serpiente de agua Terene
acudió, astuta y valiente, porque de veras
nuestro miedo era muy grande
Empuñando su cerbatana untó los dardos con curare,
ese veneno mortal que compramos a nuestros vecinos Piaroa.
Cuando vio a las Dimshi disparó velozmente sus flechas
y atravesó las aguilas de parte a parte.
En su vuelo de muerte por el cielo ensangrentado
las rapaces dejaron un surco de plumas
que se fueron al garete de las nubes.
El cortejo emplumado se posó al fin
en nuestra tierra y se tranforomó en Kurata.
Con esta misma madera fabricamos desde ese entonces las finas cerbatanas
con las que nos acercamos
a nuestras presas deprevenidas
que cantan y cacarean al amanecer.
Así cuentan los que saben.
Fuente: Matuja. Fundación La Salle de Ciencias Naturales.
de los que orgullosamente se llaman Yekuana
porque somos dueños de los grandes ríos
y de los raudales del Orinoco,
que nuestros padres, desde hace muchos siglos,
navegan en sus intrépidas curiaras,
cortadas en el tronco de un árbol que se abre lento
al compás paciente y obstinado
de las hachas del hierro y del fuego voraz
Ahora, escúchame:
te voy a contar la historia de nuestra vida.
Yo y mis compañeros de edad
a menudo vamos a cazar y pescar
con cerbatana, arco y flechas y redes.
La selva que rodea nuestro pueblo
nos recibe con los aleteos de los ágiles picaflores.
El arco iris de las orquídeas colgadas de los árboles,
a lo largo del río, se refleja gracioso en el agua furtiva
y grandes mariposas color del cielo, parten a tajos
el espacio susurrante de la selva, que a veces
se despierta sobresaltada
por el llamado estrepitoso que lanza una pareja
de guacamayas inseparables.
Nuestro pueblo es una inmensa casa redonda
y erguida en el medio del mundo,
con el techo tensado al cielo.
Su armazón de madera, elevada con sabiduria,
nos enseña de padres a hijos el mundo de nuestros antepasados.
El palo central es el soporte del firmamento.
Y las dos vigas, esbeltas y fuertes, que sostienen el techo
las llamamos Vía Láctea, que ilumina el cielo nocturno.
Cuando sea grande, orgulloso me reuniré con mis amigos
en el recinto central de nuestra morada común,
donde nuestras madres y hermanas en silencio
nos sirven las comidas y las bebidas;
porque ese espacio es sólo nuestro.
Conocemos los secretos de los ríos donde nos gusta nadar,
llevados como hojas traviesas, o contra la corriente
o ras el lecho de rocas.
Conocemos el curso lejano de ríos,
y hasta el número infinito de sus meandros
esta grabado en nuestra memoria,
que no tiene ni libros, ni escritura.
A veces el pueblo entero
se interna en la selva a buscar troncos venenosos
que trituramos y arrojamos al agua.
Entonces los peces grandes y pequeños
empiezan a flotar sobre la corriente asfixiados y tiesos.
Todos juntos volvemos al pueblo alegres
y el estómago pesado de hambre.
Poco a poco se vuelve a poblar el río,
empezando por los cangrejos descarados
que siempre escapan de nuestra pesca venenosa.
Somos fuertes, pero a veces uno de de los nuestros
se enferma.
Entonces el hombre sabio, iniciado duramente
en la soledad y el ayuno,
se sienta en el banco-tigre
y con sus cantos y la maraca sagrada
invoca a Wanadi, el creó el universo,
dónde vivían sólo los Yekuana.
En la casa redonda
el hombre de espalda contra el poste central
la larga escalera que lleva al cielo
cura por fin el mal chupando la piedra que enfermaba.
Cuando nuestros padres regresan de comercios lejanos
o cuando nuestro pueblo termina la construcción
de la casa redonda
festejamos nuestra alegria bailando, cantando, bebiendo
dos, tres, cuatro días sin parar,
hasta vaciar las curiaras
que nuestras madres
han llenado de bebida fermentada,
adornados de nuestros más bellos collares de perlas
y nuestros guayucos escarlatas,
la cara y el cuerpo pintado de onoto,
entramos en la ronda al son
de las trompetas, las maracas y los tambores,
y bailamos y giramos en la noche pálida de la selva,
harta de sueño y silencio.
Pasamos las largas noches
mecidos por el apacible vaivén de nuestros chinchorros.
En silencio escuchamos
a nuestros padres y a nuestros abuelos,
que cuentan las historias de antaño.
En el comienzo de los tiempos,
cuando nuestro único alimento
era la tierra, el mono Kushu supo que los habitantes del cielo
cultivaban la planta de yuca.
Sabiendo cómo nos acuciaba el hambre,
voló hacia el cielo supremo donde descubrió el claro fecundo.
Hurtó sigilosamente la más bella de las matas de yuca,
la escondió debajo de sus uñas negras
y atraveso los cielos inferiores hacia la tierra,
donde sembró la raíz celeste.
Desde ese día nos saciamos con los frutos generosos que nos da ese árbol de vida,
que sólo pueden sembrar nuestras madres,
quienes llevan en ellas la vida de nuestra tribu.
Hace mucho tiempo hubo dos águilas enormes
llamadas Dimoshi, que devoraban
a todos los que vivían en nuestra tierra.
Entonces la serpiente de agua Terene
acudió, astuta y valiente, porque de veras
nuestro miedo era muy grande
Empuñando su cerbatana untó los dardos con curare,
ese veneno mortal que compramos a nuestros vecinos Piaroa.
Cuando vio a las Dimshi disparó velozmente sus flechas
y atravesó las aguilas de parte a parte.
En su vuelo de muerte por el cielo ensangrentado
las rapaces dejaron un surco de plumas
que se fueron al garete de las nubes.
El cortejo emplumado se posó al fin
en nuestra tierra y se tranforomó en Kurata.
Con esta misma madera fabricamos desde ese entonces las finas cerbatanas
con las que nos acercamos
a nuestras presas deprevenidas
que cantan y cacarean al amanecer.
Así cuentan los que saben.
Fuente: Matuja. Fundación La Salle de Ciencias Naturales.
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