Yo soy el niño de la Selva,
de los que orgullosamente se llaman Yekuana
porque somos dueños de los grandes ríos
y de los raudales del Orinoco,
que nuestros padres, desde hace muchos siglos,
navegan en sus intrépidas curiaras,
cortadas en el tronco de un árbol que se abre lento
al compás paciente y obstinado
de las hachas del hierro y del fuego voraz
Ahora, escúchame:
te voy a contar la historia de nuestra vida.
Yo y mis compañeros de edad
a menudo vamos a cazar y pescar
con cerbatana, arco y flechas y redes.
La selva que rodea nuestro pueblo
nos recibe con los aleteos de los ágiles picaflores.
El arco iris de las orquídeas colgadas de los árboles,
a lo largo del río, se refleja gracioso en el agua furtiva
y grandes mariposas color del cielo, parten a tajos
el espacio susurrante de la selva, que a veces
se despierta sobresaltada
por el llamado estrepitoso que lanza una pareja
de guacamayas inseparables.
Nuestro pueblo es una inmensa casa redonda
y erguida en el medio del mundo,
con el techo tensado al cielo.
Su armazón de madera, elevada con sabiduria,
nos enseña de padres a hijos el mundo de nuestros antepasados.
El palo central es el soporte del firmamento.
Y las dos vigas, esbeltas y fuertes, que sostienen el techo
las llamamos Vía Láctea, que ilumina el cielo nocturno.
Cuando sea grande, orgulloso me reuniré con mis amigos
en el recinto central de nuestra morada común,
donde nuestras madres y hermanas en silencio
nos sirven las comidas y las bebidas;
porque ese espacio es sólo nuestro.
Conocemos los secretos de los ríos donde nos gusta nadar,
llevados como hojas traviesas, o contra la corriente
o ras el lecho de rocas.
Conocemos el curso lejano de ríos,
y hasta el número infinito de sus meandros
esta grabado en nuestra memoria,
que no tiene ni libros, ni escritura.
A veces el pueblo entero
se interna en la selva a buscar troncos venenosos
que trituramos y arrojamos al agua.
Entonces los peces grandes y pequeños
empiezan a flotar sobre la corriente asfixiados y tiesos.
Todos juntos volvemos al pueblo alegres
y el estómago pesado de hambre.
Poco a poco se vuelve a poblar el río,
empezando por los cangrejos descarados
que siempre escapan de nuestra pesca venenosa.
Somos fuertes, pero a veces uno de de los nuestros
se enferma.
Entonces el hombre sabio, iniciado duramente
en la soledad y el ayuno,
se sienta en el banco-tigre
y con sus cantos y la maraca sagrada
invoca a Wanadi, el creó el universo,
dónde vivían sólo los Yekuana.
En la casa redonda
el hombre de espalda contra el poste central
la larga escalera que lleva al cielo
cura por fin el mal chupando la piedra que enfermaba.
Cuando nuestros padres regresan de comercios lejanos
o cuando nuestro pueblo termina la construcción
de la casa redonda
festejamos nuestra alegria bailando, cantando, bebiendo
dos, tres, cuatro días sin parar,
hasta vaciar las curiaras
que nuestras madres
han llenado de bebida fermentada,
adornados de nuestros más bellos collares de perlas
y nuestros guayucos escarlatas,
la cara y el cuerpo pintado de onoto,
entramos en la ronda al son
de las trompetas, las maracas y los tambores,
y bailamos y giramos en la noche pálida de la selva,
harta de sueño y silencio.
Pasamos las largas noches
mecidos por el apacible vaivén de nuestros chinchorros.
En silencio escuchamos
a nuestros padres y a nuestros abuelos,
que cuentan las historias de antaño.
En el comienzo de los tiempos,
cuando nuestro único alimento
era la tierra, el mono Kushu supo que los habitantes del cielo
cultivaban la planta de yuca.
Sabiendo cómo nos acuciaba el hambre,
voló hacia el cielo supremo donde descubrió el claro fecundo.
Hurtó sigilosamente la más bella de las matas de yuca,
la escondió debajo de sus uñas negras
y atraveso los cielos inferiores hacia la tierra,
donde sembró la raíz celeste.
Desde ese día nos saciamos con los frutos generosos que nos da ese árbol de vida,
que sólo pueden sembrar nuestras madres,
quienes llevan en ellas la vida de nuestra tribu.
Hace mucho tiempo hubo dos águilas enormes
llamadas Dimoshi, que devoraban
a todos los que vivían en nuestra tierra.
Entonces la serpiente de agua Terene
acudió, astuta y valiente, porque de veras
nuestro miedo era muy grande
Empuñando su cerbatana untó los dardos con curare,
ese veneno mortal que compramos a nuestros vecinos Piaroa.
Cuando vio a las Dimshi disparó velozmente sus flechas
y atravesó las aguilas de parte a parte.
En su vuelo de muerte por el cielo ensangrentado
las rapaces dejaron un surco de plumas
que se fueron al garete de las nubes.
El cortejo emplumado se posó al fin
en nuestra tierra y se tranforomó en Kurata.
Con esta misma madera fabricamos desde ese entonces las finas cerbatanas
con las que nos acercamos
a nuestras presas deprevenidas
que cantan y cacarean al amanecer.
Así cuentan los que saben.
Fuente: Matuja. Fundación La Salle de Ciencias Naturales.
sábado, 4 de diciembre de 2010
martes, 30 de noviembre de 2010
De dónde viene el pueblo Guajiro
De esto hace muchísimo tiempo; tanta lunas que ya no se pueden contar: El Gran Espíritu hacedor de todo: de los otros espíritus, del agua, del aire, del fuego, de la tierra, de las gentes, los animales y las plantas, vivía en Ziruma. Ziruma es el cielo y queda arriba, encima de todo. Más alto que la escalera de colores por donde el Gran Espíritu baja hasta la tierra. Más elevado que las nubes de agua. Más lejano que la casa del buitre, protector de la casta Epieyú, a la cual pertenece mi grupo goajiro. Pero: ¿Sabes cómo es Ziruma? Allá, en nuestro cielo, no falta nada para hacernos felices cuando, ya cansados, nos llame nuestro Gran Espíritu a disfrutar para siempre. De día puedes ver a Ziruma: azul, como un azulejo encantado, cuando la luna se pone pálida y delgada. De noche Ziruma es un enorme paraguas mágico, negro, con la luna tostada y gruesa, de donde nos miran los ojos brillantes de nuestros antepasados. Un día el Gran Espíritu decidió crear a su familia: lindas hijas para que tuvieran hijos y se formaran los diferentes pueblos. Casó a cada una de las hermosas y jóvenes majayuras. A cada una le dio tierras que hizo para ellas, y animales y semillas. A la hija que iba a formar la casta Huarí, le dió una perdiz, para que la protegiera. A la majayura que iba a crear la casta Ipuana, le dio una halcón. A la de la casta Pushaina, un báquiro. Para la de la Sapuana, un alcaraván. Le dio un zamuro para la hija de Uriana. Para la que fundaría la casta Jusayué, una culebra. Un perro para la de Jayariú. A la de Epinayué, un venado. Estos fueron los animales sagrados de cada casta.
Pero el Gran Espíritu olvidó dar tierras y marido a su hija más pequeña, a la más bonita de todas: la majayura Guajira. Entonces ella se dirigió a su Padre y le pidió un marido, tierras donde fundar su casta, animales para la cría, semillas para las plantas, casimbas para llenarlas de peces y la protección de un animal sagrado. Entonce el Gran Espíritu, que ya no tenia más tierras porque las había repartido todas, se dirigió al Gran Lago Coquivacoa. De allí hizo salir una hermosa tierra de fina arena color cochano. Era una tierra, alta y curva, llena de Casimbas, que llenó de peces, y le dio el nombre de Goajira, igual que su hija, a la cual caso con el Espíritu del Tiempo. Le ordenó a su hija que fundara la casta Epieyú, y le entregó todo lo que había pedido. Su animal sagrado fue un enorme buitre, para que la protegiera. Le dio fuego del sol y colores del arco de Ziruma para ponerlo en sus vestiduras, adornos y en las flores. Y varias lunas después le empezaron nacer hijos a Guajira y el Espíritu del tiempo, que cuando tuvieron edad suficiente se casaron. Y así se fue poblando la Guajira.
El Espíritu del tiempo hizo que toda esa extensión de tierra se vistiera del verde y amarillo del maíz sagrado, para el pan, las tortas, el carato. De las auyamas color del sol, para las sopas. De mandioca color de nube, para el cazabe. De cardón, bejucos, iguayará, moriche, sojoo y samán para el alimento, para tejer los chinchorros, las casas, las cestas y los vestidos; para decorar su rostro y las vasijas; para las armas y curiaras; para sus instrumentos musicales...... Y las casimbas se pusieron repletas de ricos peces: coritas, cotíes, toporos, bagres, agujetas....Por todas partes se veían turpiales, guacharcas, yaguazas, alcaravanes, araguatos, cachicamos, lapas, caricaris, chócoras, dantas, morrocoyes, paraulatas, paujíes....Por todas partes las familias levantaban sus guanetus hechos de vegetales, que eran sus frescas casas. Todo se llenó de alegres cantos, de color, de alimentos. Cada uno tuvo su trabajo que hacer. Cuando se lava la cara de mañana y se escucha en los charcos el dúo de ranas y sapos; cuando las habladoras guacharacas van a beber en las casimbas y empieza el cuchicheo de los guitíos, el borde del Gran Lago de Coquivacoa se levanta para dejar entrar al sol, que hace su visita diaria. Así sucedió. Las familias crecieron y se fueron alejando a tierras cada vez más distantes, para formar otros pueblos. Llevaron su lengua Guajira más y más lejos, para que las demas castas que fundaron las otras hijas del Gran Espíritu, las hermanas de la Majayura Guajira, aprendieran a hablar en idioma Guajiro. Esta es la hermosa historia del pueblo de la Guajira, donde nació mi abuelita, la Majayura Estrella, y así me lo contó ella.
Relato recopilado por: Gilda Senior de Lehofer.
Pero el Gran Espíritu olvidó dar tierras y marido a su hija más pequeña, a la más bonita de todas: la majayura Guajira. Entonces ella se dirigió a su Padre y le pidió un marido, tierras donde fundar su casta, animales para la cría, semillas para las plantas, casimbas para llenarlas de peces y la protección de un animal sagrado. Entonce el Gran Espíritu, que ya no tenia más tierras porque las había repartido todas, se dirigió al Gran Lago Coquivacoa. De allí hizo salir una hermosa tierra de fina arena color cochano. Era una tierra, alta y curva, llena de Casimbas, que llenó de peces, y le dio el nombre de Goajira, igual que su hija, a la cual caso con el Espíritu del Tiempo. Le ordenó a su hija que fundara la casta Epieyú, y le entregó todo lo que había pedido. Su animal sagrado fue un enorme buitre, para que la protegiera. Le dio fuego del sol y colores del arco de Ziruma para ponerlo en sus vestiduras, adornos y en las flores. Y varias lunas después le empezaron nacer hijos a Guajira y el Espíritu del tiempo, que cuando tuvieron edad suficiente se casaron. Y así se fue poblando la Guajira.
El Espíritu del tiempo hizo que toda esa extensión de tierra se vistiera del verde y amarillo del maíz sagrado, para el pan, las tortas, el carato. De las auyamas color del sol, para las sopas. De mandioca color de nube, para el cazabe. De cardón, bejucos, iguayará, moriche, sojoo y samán para el alimento, para tejer los chinchorros, las casas, las cestas y los vestidos; para decorar su rostro y las vasijas; para las armas y curiaras; para sus instrumentos musicales...... Y las casimbas se pusieron repletas de ricos peces: coritas, cotíes, toporos, bagres, agujetas....Por todas partes se veían turpiales, guacharcas, yaguazas, alcaravanes, araguatos, cachicamos, lapas, caricaris, chócoras, dantas, morrocoyes, paraulatas, paujíes....Por todas partes las familias levantaban sus guanetus hechos de vegetales, que eran sus frescas casas. Todo se llenó de alegres cantos, de color, de alimentos. Cada uno tuvo su trabajo que hacer. Cuando se lava la cara de mañana y se escucha en los charcos el dúo de ranas y sapos; cuando las habladoras guacharacas van a beber en las casimbas y empieza el cuchicheo de los guitíos, el borde del Gran Lago de Coquivacoa se levanta para dejar entrar al sol, que hace su visita diaria. Así sucedió. Las familias crecieron y se fueron alejando a tierras cada vez más distantes, para formar otros pueblos. Llevaron su lengua Guajira más y más lejos, para que las demas castas que fundaron las otras hijas del Gran Espíritu, las hermanas de la Majayura Guajira, aprendieran a hablar en idioma Guajiro. Esta es la hermosa historia del pueblo de la Guajira, donde nació mi abuelita, la Majayura Estrella, y así me lo contó ella.
Relato recopilado por: Gilda Senior de Lehofer.
martes, 2 de noviembre de 2010
PADRE y MADRE
Cuando el Gran Padre se encontró por primera vez con la Gran Madre, ya Él poseía todos los dones. Ella en cambio, era lisa y nada su superficie adornaba, fuera de la aspiración que emanaba, como única expresión de sus oraciones. Entonces el Amoroso Señor, irradiando todo su amor le dijo: Quiero embellecerte, para más amarte. Ella sonrió, y su faz antes impávida y fría, empezó el embellecimiento, al reflejarse en ella la alegría, alegría que iba en su aumento. Primero recogió en su seno la gracia del Sabio, haciéndose de lo ordinario, cochanos y vetas de oro pesado, todos los metales, las piedras preciosas y aún las rudas cosas, grandes y pequeñas unos y otras, al igual que la jerarquía tenían las alegrías del Padre de los Padres. Quiso engalanarse más, peinarse en su faz, para así admirar a aquel ADORADO, quien de su triste pasado, un risueño porvenir prometía. Surgieron entonces las Selvas, de verdores radiantes, que cual adornos galantes, abanicaban suavemente la faz de la amante. Y los ríos vinieron como consecuencia de la sombra fresca, de la paz umbría; los ríos que nacían de las altas montañas rocosas, para que saltando de peña en poza y de poza en peña, dijeran por señas al Grande Señor, de su inmenso amor y agradecimiento. Uniéronse así las aguas risueñas de las cascadas, por las largas hileras, con las de las selvas aglomeradas humedades, para descender por valles y llanos hacia los desagues, y llenar de honduras, tristes peladeros que la Madre Tierra, allá en las lejanías, dejará vacías. En los arenales, en los anchos llanos o en los valles tristes, brotaron también solitarias palmas, frescos morichales o grandes pajales, ricos en verdor. Querían también ser, y como ya en las selvas, contribuir con su esplendor, que creciera el amor del Creador.
Sonreía a todo el Señor de los Ojos Dulces, el Padre Amoroso, galán eternal de la Tierra Hermosa. Comprendió entonces ella, que la gracia proseguía, que aún no lograra cuanto lograr podía.........y siguió creciendo, para que el Novio Celestial, en la belleza de su manantial, siguiese reflejando su propia belleza.
Sobre los altos picachos de las largas sierras, sugieron las nieves eternas, como aquellas canas con que la sabiduría, hija del Señor, adornara al Magnífico; marcáronse laderas, barrancos y hondonadas por donde corrían las nieves derretidas, hacia otros terrazgos; aglomeráronse nubes en aquellas alturas y acá en las honduras donde el frio no llega, hízose el calor.
Respiró la novia, feliz con tanta gracia, para entre las timideces de su virginal faz, expresar su contento, su agradecimiento, ante tanto amor. Pero el Señor dios aún no había concluído de dar sus dones a la Gran Amada. Quiso proseguir la sublime cruzada, hacer de cada latir de su corazón, muchos corazones.
Hizo así moradores para las altas montañas, para las selvas umbrías, para los llanos alargados, para las laderas, y aún para las honduras, ahora con aguas.
Cada palpitación , palpitación fué, brotando en caudales los animales, quienes repitieron en sus corazones, del Gran Señor sus emociones, al amar a la tierra como El quería, como ella merecía.
Fué así, como se arrastraron, deambularon , volaron o caminaron, nuevos seres; nuevos seres que llenaron sus propias emociones, las emociones del Todo. Hizóse emoción de la Madre toda la extensión, porque de su eternal virginidad, brotaron especies, vegetales y animales, en unísona canción, anhelo oculto dominado por los siglos de una desconocida oración.
Las esmeraldas de los bosques, los topacios de los llanos, los zafiros del mar, lleno todo movimiento, eran sentimientos palpitación continua de tanto adorar. La Madre habia dado, con este último esfuerzo y bajo la dulzura del Grande Admirado, todo a su anhelado. Ya nada aspiraba, porque ya el Gran dios con su fecundación, hiciera realidad cuanto en ella había de caridad. Fué entonces cuando el Señor, de su busaquita de buen peregrino, sacó a relucir el traje de novia, traje que tenia del cielo la historia.
Allí dibujados por su amor celestial, estaban estrellas, la luna y el sol. Unas en el centro, aquélla a un costado y éste del otro lado. Y a fin de no encontrarse en la misma vía, allí había gran separación. De un lado la luz, del otro lado las tinieblas, entre los dos engarces de sol y de luna, los varios coloridos, luminosos puntos de estrellas curiosas que nacieran de las cópulas habidas en auroras y crepúsculos, cuando él la amaba y ella le daba su vientre lleno, en las cálidas alturas, toda su hermosura en un nuevo brote, adorno del cielo.
Es ésta la historia que pocos conocen, de cómo la tierra estéril, impávida y fría, se hizo un emporio , una gran Madre, por obra del Padre, grande y generoso de todo corazón.
Leyendas Indígenas del Bajo Orinoco, Arturo Hellmund Tello.
Sonreía a todo el Señor de los Ojos Dulces, el Padre Amoroso, galán eternal de la Tierra Hermosa. Comprendió entonces ella, que la gracia proseguía, que aún no lograra cuanto lograr podía.........y siguió creciendo, para que el Novio Celestial, en la belleza de su manantial, siguiese reflejando su propia belleza.
Sobre los altos picachos de las largas sierras, sugieron las nieves eternas, como aquellas canas con que la sabiduría, hija del Señor, adornara al Magnífico; marcáronse laderas, barrancos y hondonadas por donde corrían las nieves derretidas, hacia otros terrazgos; aglomeráronse nubes en aquellas alturas y acá en las honduras donde el frio no llega, hízose el calor.
Respiró la novia, feliz con tanta gracia, para entre las timideces de su virginal faz, expresar su contento, su agradecimiento, ante tanto amor. Pero el Señor dios aún no había concluído de dar sus dones a la Gran Amada. Quiso proseguir la sublime cruzada, hacer de cada latir de su corazón, muchos corazones.
Hizo así moradores para las altas montañas, para las selvas umbrías, para los llanos alargados, para las laderas, y aún para las honduras, ahora con aguas.
Cada palpitación , palpitación fué, brotando en caudales los animales, quienes repitieron en sus corazones, del Gran Señor sus emociones, al amar a la tierra como El quería, como ella merecía.
Fué así, como se arrastraron, deambularon , volaron o caminaron, nuevos seres; nuevos seres que llenaron sus propias emociones, las emociones del Todo. Hizóse emoción de la Madre toda la extensión, porque de su eternal virginidad, brotaron especies, vegetales y animales, en unísona canción, anhelo oculto dominado por los siglos de una desconocida oración.
Las esmeraldas de los bosques, los topacios de los llanos, los zafiros del mar, lleno todo movimiento, eran sentimientos palpitación continua de tanto adorar. La Madre habia dado, con este último esfuerzo y bajo la dulzura del Grande Admirado, todo a su anhelado. Ya nada aspiraba, porque ya el Gran dios con su fecundación, hiciera realidad cuanto en ella había de caridad. Fué entonces cuando el Señor, de su busaquita de buen peregrino, sacó a relucir el traje de novia, traje que tenia del cielo la historia.
Allí dibujados por su amor celestial, estaban estrellas, la luna y el sol. Unas en el centro, aquélla a un costado y éste del otro lado. Y a fin de no encontrarse en la misma vía, allí había gran separación. De un lado la luz, del otro lado las tinieblas, entre los dos engarces de sol y de luna, los varios coloridos, luminosos puntos de estrellas curiosas que nacieran de las cópulas habidas en auroras y crepúsculos, cuando él la amaba y ella le daba su vientre lleno, en las cálidas alturas, toda su hermosura en un nuevo brote, adorno del cielo.
Es ésta la historia que pocos conocen, de cómo la tierra estéril, impávida y fría, se hizo un emporio , una gran Madre, por obra del Padre, grande y generoso de todo corazón.
Leyendas Indígenas del Bajo Orinoco, Arturo Hellmund Tello.
lunes, 25 de octubre de 2010
El origen en sueños
Muchos años antes de existir la tierra miles de personas de diferentes especies, tamaños y formas vivían en la otra tierra, eran sólo vientos o espíritus. Una vez en un sueño que tuvieron esas personas vieron que una abuela y un abuelo de avanzada edad les decía en sueño: Ustedes ya han vivido mucho tiempo aquí, así que ustedes merecen una casa donde vivir. Los abuelos le dieron poder para que personificaran sus cuerpos y formaran la casa. Esas personas formaron sus espíritus en cuerpos reales pero no pudieron formar la casa porque unos a otros empezaron a chocarse y hacerse daño, ejemplo el agua peleó con la piedra y la desmoronaba con su cuerpo, el aire soplaba y tiraba lejos a los que a él se arrimaban.
En un segundo sueño los abuelos le dijeron: Ustedes no pueden seguir así divididos, lo importante es que unan sus cuerpos y así formaran una casa grande donde puedan vivir, y asi hicieron y fue madurando la tierra. El Ks`a`w (sueño) ayudó a ubicar las personas de manera que pudieran vivir sin hacerse daño entre ellas, al pasar el tiempo la tiera fue madurando porque al principio tenía mucha agua y la tierra era blanda pero con la ayuda de Kwetwe's (peklu) hombre de piedra, quien convirtiendo y sembrándolas en la tierra ella se volvió más maciza y dura.
viernes, 22 de octubre de 2010
ORIGEN DE LA VIDA HUMANA
Esta leyenda pertenece al origen de los Yukpa, grupo indigena que se encuentra situado en la sierra de perijá entre Colombia y Venezuela. Pertenecen a la familia Caribe. Tanto Yuk-pa como Yuk-ko significan simplemente: hombre, gente, sin ninguna otra connotación.
Al principio Kemoko es como el padre de los Yukpa. Se le llamaba también Amorétoncha entre los Yukpa del Maraka y Sokorpa le conocen como Aponto. Al principio vivía el solito en el aire. Para descansar un poco hizo una tierra pequeñita como de una cuadra. La tierra fue creciendo y se hizo muy grande. Kemoko fue haciendo los árboles y los animales que, al principio, eran como personas. Escogió a la ardita para que fuera su criada, para que le preparara comida y se los daba a Kemoko. Cuando la tierra se hizo muy grande, Kemoko fabricó como uno muñecos de tierra. Hizó cuatro: dos hombres y dos mujeres. De ellos salieron los primeros que vivían en las sabanas de Manastará: los Atancha y los Atumsha. Con ellos vivió los Kemoko mucho tiempo, pero se hicieron malos y Kemoko marchó a otro sitio. Kemoko andaban solo por el monte y el pájaro carpintero picaba todos los palos. Cuando picó unos palos, salió sangre. Entonces Kemoko los cortó e hizo con ellos un hombre y una mujer, doblándoles los brazos y las piernas para que pudieran caminar. De aquí salieron los Yukpa.
Fundación La Salle
Instituto Caribe de Antropologia y Sociologia
Introducción al mundo religioso de los Yukpa
Adolfo de Villamañán.
Al principio Kemoko es como el padre de los Yukpa. Se le llamaba también Amorétoncha entre los Yukpa del Maraka y Sokorpa le conocen como Aponto. Al principio vivía el solito en el aire. Para descansar un poco hizo una tierra pequeñita como de una cuadra. La tierra fue creciendo y se hizo muy grande. Kemoko fue haciendo los árboles y los animales que, al principio, eran como personas. Escogió a la ardita para que fuera su criada, para que le preparara comida y se los daba a Kemoko. Cuando la tierra se hizo muy grande, Kemoko fabricó como uno muñecos de tierra. Hizó cuatro: dos hombres y dos mujeres. De ellos salieron los primeros que vivían en las sabanas de Manastará: los Atancha y los Atumsha. Con ellos vivió los Kemoko mucho tiempo, pero se hicieron malos y Kemoko marchó a otro sitio. Kemoko andaban solo por el monte y el pájaro carpintero picaba todos los palos. Cuando picó unos palos, salió sangre. Entonces Kemoko los cortó e hizo con ellos un hombre y una mujer, doblándoles los brazos y las piernas para que pudieran caminar. De aquí salieron los Yukpa.
Fundación La Salle
Instituto Caribe de Antropologia y Sociologia
Introducción al mundo religioso de los Yukpa
Adolfo de Villamañán.
La Poesia en los Petroglifos.

Este petroglifo también es muy especial, porque está lleno de poesia, es un petroglifo para meditar, para entrar a la armonia, evitar la duda y la confusión, debo señalar que la persona que me indica toda esta rica simbologia, ha estudiado desde hace muchos años los números y son parte de su vida y conoce bien las diferentes escrituras de los egipcios, por eso su información es realmente muy valiosa y de fácil comprensión por cada uno de nosotros al simplemente VER y ubicar este diseño dentro de nosotros.
Petroglifos del Parque Arqueologico Piedras Pintadas

Este petroglifo en el cuál pueden apreciar el Diseño Espiral, es muy importante de ver y de estudiar, ya que el diseño de este petroglifo, se encuentra diseminado en toda la tierra, es un simbolo matemático y un Doctor en matemáticas y experto en símbologia, tuvo la amabilidad de explicar toda la rica símbologia que encierra este espiral, que no es otro, que el movimiento perenne existente en la Creación, es por eso que es uno de los petroglifos que por dicha importancia se ha colocado de primero, abriendo asi, la galeria de fotos y cada uno de los petroglifos se iran explicando, en su rica símbologia.
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