viernes, 2 de diciembre de 2011

La Madre Universal y Deidad Suprema

Lo que sigue está tomado del pueblo Kagaba de Colombia, en Suramérica.

En el comienzo, la madre de nuestros cantos, la madre de nuestras semillas nos hizo nacer, por lo cual es la madre de todo tipo de nombres, la madre  de todas las naciones.  Es  madre del trueno, madre de los arroyos, madre de los árboles y de las cosas.  Es madre del mundo y de los hermanos mayores, la gente de piedra.   Es madre de los frutos de la tierra y de todas las cosas.  Es la madre de los hermanos menores, los franceses y los extranjeros.  Es la madre de los adornos que usamos para la danza en nuestros templos y  es la única madre que poseemos.  Sólo ella es madre del fuego, del sol y de la Vía Láctea....Es madre de la lluvia y la única madre que poseemos.  Y nos ha dejado un recuerdo en todos los templos...un recuerdo en forma de cánticos y danzas.

A ella no se rinde culto ni se le dirigen oraciones en forma directa, pero cuando los campos se han sembrado y los sacerdotes cantan sus hechizos, los Kagaba dicen:.......entonces pensamos en la madre de todas las cosas.  Se ha registrado esta oración:  Madre nuestra de los campos florecientes, madre nuestra de los arroyos ten piedad de nosotros.  ¿A quién  pertenecemos?  ¿De quién somos semillas?  Sólo pertenecemos a nuestra Madre.



Paul Radin, Monotheism Amog Primitive
people, New York, Pág 15;  traducido  y citado
por K. T. Preuss

jueves, 20 de enero de 2011

Cosmovisión Aymara

Han pasado muchos años y miles de año, no había vida en este mundo Aymara.  Tampoco había esta tierra, ni  había el lago, el cielo, la luna, ni el sol.  Porque todo era vacío, solamente hubo el aire nada más.  En ella se econtraba el D*os Padre, el no  más vivía, y se  encontraba caminado en ese aire.  Por eso, pues, un día pensó ese buen D*os Padre juntando esa idea y ese aire vacío sopló diciendo:  Ahora está sea el cielo. Ese cielo era de color azul, así también era muy brillante.  Habiendo el cielo, el buen D*os Padre decía:  ahora qeu se hagan las estrellas, diciendo.   Por eso él botando salivaal aire derramó en muchas partículas.  Entonces de esta saliva se formó las estrellas.   Después, este buen D*os  Padre seguía reflexionando de ahí lo juntó con sus manos.   Después de juntar hizó la creación de la tierra.  Esta tierra era vacía no más, no tenía agua estaba totalmente vacia.  Viendo así el decía ah..... esta tierra está seca por eso escupió al suelo de la tierra:   que en esta tierra haya agua, que haya flores, y árboles.   Entonces de esta saliva se formaban ríos, lagos y mares.   Por eso en esta tierra remojada hubo muchos árboles, y flores.  Y así el campo estaba todo verde.  Luego D*os Padre se encontraba muy contento y feliz.  Después de haber creado pastos y árboles, El seguía pensando, por ello decía  ah.......y ahora sigue faltando algo.  Después el creó varias especies de animales.  A estos animales los puso en la tierra.  Posteriormente El se dio  cuenta, que estos animales andaban así nomás, no habia nadie para que se encarge con el cuidado.   Por eso D*os Padre, pensó en crear un hombre.  El empezó así  modeló de una piedra una imagen a su semejanza, y cuando ya estaba terminando cogió  el agua y la puso dentro del cuerpo de la imagen y con un soplo lo convierte  crea a un ser que tiene vida, denominado que este será hombre.  Luego D*os Padre piensa que este ser creado por El se encontraba sólo en el paraiso, por el era hijo de D*os.  Luego un día  D*os Padre pensó:   ¿`Por qué este hombre se encuentra sólo?  Ni tampoco puede hablar con los animales dicendo pensó.  Por eso creó una mujer, y los hizo asi:   Primero recogió  muchas ramas, como rosas y bonitas flores, luego con sus manos lo amasó y modeló a la imágen del hombre.  Entonces haciendo así D*os Padre sacó unas costilla pequeña del hombre y la puso dentro del modelado y con un soplo  en la nariz creó a la pareja, y a este nuevo ser lo llamó mujer.  Luego a esta mujer D*os la entrega al hombre, diciendo:  ahora los dos vayan a vivir  en este pueblo, ustedes van a criar los animales y trabajarán la chacra y vivirán muy bien en este paraíso diciendo los aconsejó.  Porque ellos eran los primeros hombres, y como sus hijos más queridos del D*os Padre.  Luego D*os Padre decía:  Vayan y  pueblan toda la tierra ustedes serán padre y madre de todas las generaciones.  Asi también ustedes serán los que guíen a ellos.   Así D*os Padre dio buenos consejos, para que este pueblo viva bien de cómo  ellos puedan progresar en ser buenos hombres, todas estas idas  han dado.    También seguía enseñando las buenas maneras de vivir bien, y que tengan amor entre ellos, para que así las futuras generaciones puedan encontrar esa misma vida.  Luego aconsejaba las buenas constumbres, y las buenas leyes, todo esto lo enseñaba, porque D*os quería que la gente viva de acuerdo a su voluntad.  El no queria divisionismo, ni tampoco que haya odio, ni robos.  Por eso  para el beneficio de la gente creó las buenas costumbres y muchas leyes, porque D*os creó a la gente en este pueblo Aymara, entonces así nuestro pueblo Aymara se levanta muy bien.  A veces saber esto es necesario.  Escuchando esto, quizás a veces decimos  que no es bueno, pero sin embargo podemos decir que hay muchas cosas para saber de nuestra gente Aymara, así es para que nosotros podamos pensar y reflexionar.

viernes, 14 de enero de 2011

El origen de la tierra y el hombre

 Muchos años antes de existir la tierra miles de personas de diferentes especies, tamaños y formas vivían en la otra tierra, eran sólo vientos o espíritus.  Una vez en un sueño que tuvieron esas personas vieron  que una abuela y un abuelo de avanzada de edad les decía en sueño:  Ustedes ya han vivido mucho tiempo aquí, así que ustedes se merecen una casa donde puedan vivir.  Los abuelos les dieron poder para que personificaran sus cuerpos y formaran la casa.  Esas personas formaron sus espíritus en cuerpos reales pero no pudieron formar la casa porque unos a otros empezaron a chocarse y hacerse daño, ejemplo el agua peleó con la piedra y la desmoronaba con su cuerpo, el aire soplaba y tiraba lejos a los a él se arrimaban.
En un segundo sueño los abuelos le dijeron:  Ustedes no pueden seguir asi divididos, lo importante es que unan sus cuerpos y así formaran una casa grande donde puedan vivir, y asi hicieron y fue madurando la tierra.  El Ks` a `w  sueño ayudó a ubicar las personas de manera que pudieran vivir sin hacerse daño entre ellas, al pasar el tiempo la tierra fue madurando porque al principio tenía mucha agua y la tierra era blanda pero con la ayuda de KWETWE`S (Peklu) hombre de piedra, quien convirtiendo algunas personas en piedra y sembrándolas en la tierra ella se volvió maciza y dura.  Antes de madurar la tierra las personas como KWETW`S  no podrian caminar porque la tierra era muy blandita y se undían las personas, después de ubicar a las personas en su casa, la abuela y el abuelo empezaron a hacer y crear las cosas que hacía falta  a la casa o tierra, pero al lado del abuelo y abuela andaban otra persona de rostro blanco era el EC, espíritu travieso que quería inventar o crear  las cosas los abuelos iban haciendo, ejemplo los abuelos crearon el n`ad`, volcán, el otro creó el nevado pero pequeño.  Los abuelos crearon  puentes y el EC hacía puentes pero cuando iba construyendo la mitad,  los abuelos ya habian terminado y  le ganaban.  Así de esta manera la competencia entro ellos siguen en esta casa o en esta tierra.

Leyenda Zapoteca sobre la Creación.

Hubo una reunión muy importante, en donde se reunieron los dioses y las diosas, entre ellos estaban dos muy importantes que se pusieron a discutir sobre cómo crear la tierra.  Uno decía que no era necesario crear la tierra, era mejor que mantuvieran las cosas así como estaban.  La otra deidad exponía sus razones para crear la tierra, se debía permitir que hubiera vida en animales, plantas, seres humanos, para que todo fuera bonito y bueno, así que debían todos colaborar, sobre todo el que tenía la propiedad de la tierra, sólo se necesitaba un  puñito para crear la tierra.  El poseedor de la tierra era un dios que no estaba dispuesto a dar nada para este plan.  Una y otra vez la deidad que tenia este noble deseo de crear la tierra, dialogó, peleó hasta que el dios egoísta lo corrió de sus dominios, lo aventó al piso y en ese instante la deidad soñadora de la tierra inscrustó su uñas en ese lodo, y resignada no luchó más y se fue lejos de la presencia del dios egoísta.
La deidad soñadora iba con los puños cerrados, todos pensaron que por la derrota, por el fracaso de su sueño.  Cuando se alejó a una distancia prudente dijo:  Por fin tengo lo que necesitaba,  un poco de tierra, limpió cuidadosamente sus uñas, he hizo un puñito de tierra, y sintiéndose muy alegre, hizo maravillas con ese puñito empezó a crecer y crecer, hasta llegar a ser esto que vemos.  Le puso agua, animales, plantas, montes, ríos, mares, insectos, gusanos, serpientes, lagartos, de todo lo que conocemos y también hizo a hombres  y mujeres de esa misma tierra. Qué alegría inundó a todo lo creado ya que los otros dioses ayudaron en esto.


La deidad soñadora sintió que su sueño hecho realidad necesitaba de calor y luz y él mismo invitó  a sus compañeros a convertirse  en estrellas luna y sol y de  esta forma todos los otros dioses, maravillados por toda esta gran obra, aceptaron en convertirse en astros, sólo  pidieron a los seres humanos que recordaran  toda la lucha.


sábado, 4 de diciembre de 2010

Yo Soy El Niño de la Selva

Yo soy el niño de la Selva,
de los que orgullosamente se llaman Yekuana
porque somos dueños de los grandes ríos
y de los raudales del Orinoco,
que nuestros padres, desde hace muchos siglos,
navegan en sus intrépidas curiaras,
cortadas en el tronco de un árbol que se abre lento
al compás paciente y obstinado
de las hachas del hierro y del fuego voraz
Ahora, escúchame:
te voy a contar la historia de nuestra vida.
Yo y mis compañeros de edad
a menudo vamos a cazar y pescar
con cerbatana, arco y flechas y redes.
La selva que rodea nuestro pueblo
nos recibe con los aleteos de los ágiles picaflores.
El arco iris de las orquídeas colgadas de los árboles,
a lo largo del río, se refleja gracioso en el agua furtiva
y grandes mariposas color del cielo, parten a tajos
el espacio susurrante de la selva, que a veces
se despierta sobresaltada
por el llamado estrepitoso que lanza una pareja
de guacamayas inseparables.
Nuestro pueblo es una inmensa casa redonda
y erguida en el medio del mundo,
con el techo tensado al cielo.
Su armazón de madera, elevada con sabiduria,
nos enseña de padres a hijos el mundo de nuestros antepasados.
El palo central es el soporte del firmamento.
Y las dos vigas, esbeltas y fuertes, que sostienen el techo
las llamamos Vía Láctea, que ilumina el cielo nocturno.
Cuando sea grande, orgulloso me reuniré con mis amigos
en el recinto central de nuestra morada común,
donde nuestras madres y hermanas en silencio
nos sirven las comidas y las bebidas;
porque ese espacio es sólo nuestro.
Conocemos los secretos de los ríos donde nos gusta nadar,
llevados como hojas traviesas, o contra la corriente
o ras el lecho de rocas.
Conocemos el curso lejano de ríos,
y hasta el número infinito de sus meandros
esta grabado en nuestra memoria,
que no tiene ni libros, ni escritura.
A veces el pueblo entero
se interna en la selva a buscar troncos venenosos
que trituramos y arrojamos al agua.
Entonces los peces grandes y pequeños
empiezan a flotar sobre la corriente asfixiados y tiesos.
Todos juntos volvemos al pueblo alegres
y el estómago pesado de hambre.
Poco a poco se vuelve a poblar el río,
empezando por los cangrejos descarados
que siempre escapan de nuestra pesca venenosa.
Somos fuertes, pero a veces uno de de los nuestros
se enferma.
Entonces el hombre sabio, iniciado duramente
en la soledad y el ayuno,
se sienta en el banco-tigre
y con sus cantos y la maraca sagrada
invoca a Wanadi, el creó el universo,
dónde vivían sólo los Yekuana.
En la casa redonda
el hombre de espalda contra el poste central
la larga escalera que lleva al cielo
cura por fin el mal chupando la piedra que enfermaba.
Cuando nuestros padres regresan de comercios lejanos
o cuando nuestro pueblo termina la construcción
de la casa redonda
festejamos nuestra alegria bailando, cantando, bebiendo
dos, tres, cuatro días sin parar,
hasta vaciar las curiaras
que nuestras madres
han llenado de bebida fermentada,
adornados de nuestros más bellos collares de perlas
y nuestros guayucos escarlatas,
la cara y el cuerpo pintado de onoto,
entramos en la ronda al son
de las trompetas, las maracas y los tambores,
y bailamos y giramos en la noche pálida de la selva,
harta de sueño y silencio.
Pasamos las largas noches
mecidos por el apacible vaivén de nuestros chinchorros.
En silencio escuchamos
a nuestros padres y a nuestros abuelos,
que cuentan las historias de antaño.
En el comienzo de los tiempos,
cuando nuestro único alimento
era la tierra, el mono Kushu supo que los habitantes del cielo
cultivaban la planta de yuca.
Sabiendo cómo nos acuciaba el hambre,
voló hacia el cielo supremo donde descubrió el claro fecundo.
Hurtó sigilosamente la más bella de las matas de yuca,
la escondió debajo de sus uñas negras
y atraveso los cielos inferiores hacia la tierra,
donde sembró la raíz celeste.
Desde ese día nos saciamos con los frutos generosos que nos da ese árbol de vida,
que sólo pueden sembrar nuestras madres,
quienes llevan en ellas la vida de nuestra tribu.
Hace mucho tiempo hubo dos águilas enormes
llamadas Dimoshi, que devoraban
a todos los que vivían en nuestra tierra.
Entonces la serpiente de agua Terene
acudió, astuta y valiente, porque de veras
nuestro miedo era muy grande
Empuñando su cerbatana untó los dardos con curare,
ese veneno mortal que compramos a nuestros vecinos Piaroa.
Cuando vio a las Dimshi disparó velozmente sus flechas
y atravesó las aguilas de parte a parte.
En su vuelo de muerte por el cielo ensangrentado
las rapaces dejaron un surco de plumas
que se fueron al garete de las nubes.
El cortejo emplumado se posó al fin
en nuestra tierra y se tranforomó en Kurata.
Con esta misma madera fabricamos desde ese entonces las finas cerbatanas
con las que nos acercamos
a nuestras presas deprevenidas
que cantan y cacarean al amanecer.
Así cuentan los que saben.


Fuente: Matuja. Fundación La Salle de Ciencias Naturales.

martes, 30 de noviembre de 2010

De dónde viene el pueblo Guajiro

De esto hace muchísimo tiempo; tanta lunas que ya no se pueden contar: El Gran Espíritu hacedor de todo: de los otros espíritus, del agua, del aire, del fuego, de la tierra, de las gentes, los animales y las plantas, vivía en Ziruma. Ziruma es el cielo y queda arriba, encima de todo. Más alto que la escalera de colores por donde el Gran Espíritu baja hasta la tierra. Más elevado que las nubes de agua. Más lejano que la casa del buitre, protector de la casta Epieyú, a la cual pertenece mi grupo goajiro. Pero: ¿Sabes cómo es Ziruma? Allá, en nuestro cielo, no falta nada para hacernos felices cuando, ya cansados, nos llame nuestro Gran Espíritu a disfrutar para siempre. De día puedes ver a Ziruma: azul, como un azulejo encantado, cuando la luna se pone pálida y delgada. De noche Ziruma es un enorme paraguas mágico, negro, con la luna tostada y gruesa, de donde nos miran los ojos brillantes de nuestros antepasados. Un día el Gran Espíritu decidió crear a su familia: lindas hijas para que tuvieran hijos y se formaran los diferentes pueblos. Casó a cada una de las hermosas y jóvenes majayuras. A cada una le dio tierras que hizo para ellas, y animales y semillas. A la hija que iba a formar la casta Huarí, le dió una perdiz, para que la protegiera. A la majayura que iba a crear la casta Ipuana, le dio una halcón. A la de la casta Pushaina, un báquiro. Para la de la Sapuana, un alcaraván. Le dio un zamuro para la hija de Uriana. Para la que fundaría la casta Jusayué, una culebra. Un perro para la de Jayariú. A la de Epinayué, un venado. Estos fueron los animales sagrados de cada casta.
Pero el Gran Espíritu olvidó dar tierras y marido a su hija más pequeña, a la más bonita de todas: la majayura Guajira. Entonces ella se dirigió a su Padre y le pidió un marido, tierras donde fundar su casta, animales para la cría, semillas para las plantas, casimbas para llenarlas de peces y la protección de un animal sagrado. Entonce el Gran Espíritu, que ya no tenia más tierras porque las había repartido todas, se dirigió al Gran Lago Coquivacoa. De allí hizo salir una hermosa tierra de fina arena color cochano. Era una tierra, alta y curva, llena de Casimbas, que llenó de peces, y le dio el nombre de Goajira, igual que su hija, a la cual caso con el Espíritu del Tiempo. Le ordenó a su hija que fundara la casta Epieyú, y le entregó todo lo que había pedido. Su animal sagrado fue un enorme buitre, para que la protegiera. Le dio fuego del sol y colores del arco de Ziruma para ponerlo en sus vestiduras, adornos y en las flores. Y varias lunas después le empezaron nacer hijos a Guajira y el Espíritu del tiempo, que cuando tuvieron edad suficiente se casaron. Y así se fue poblando la Guajira.

El Espíritu del tiempo hizo que toda esa extensión de tierra se vistiera del verde y amarillo del maíz sagrado, para el pan, las tortas, el carato. De las auyamas color del sol, para las sopas. De mandioca color de nube, para el cazabe. De cardón, bejucos, iguayará, moriche, sojoo y samán para el alimento, para tejer los chinchorros, las casas, las cestas y los vestidos; para decorar su rostro y las vasijas; para las armas y curiaras; para sus instrumentos musicales...... Y las casimbas se pusieron repletas de ricos peces: coritas, cotíes, toporos, bagres, agujetas....Por todas partes se veían turpiales, guacharcas, yaguazas, alcaravanes, araguatos, cachicamos, lapas, caricaris, chócoras, dantas, morrocoyes, paraulatas, paujíes....Por todas partes las familias levantaban sus guanetus hechos de vegetales, que eran sus frescas casas. Todo se llenó de alegres cantos, de color, de alimentos. Cada uno tuvo su trabajo que hacer. Cuando se lava la cara de mañana y se escucha en los charcos el dúo de ranas y sapos; cuando las habladoras guacharacas van a beber en las casimbas y empieza el cuchicheo de los guitíos, el borde del Gran Lago de Coquivacoa se levanta para dejar entrar al sol, que hace su visita diaria. Así sucedió. Las familias crecieron y se fueron alejando a tierras cada vez más distantes, para formar otros pueblos. Llevaron su lengua Guajira más y más lejos, para que las demas castas que fundaron las otras hijas del Gran Espíritu, las hermanas de la Majayura Guajira, aprendieran a hablar en idioma Guajiro. Esta es la hermosa historia del pueblo de la Guajira, donde nació mi abuelita, la Majayura Estrella, y así me lo contó ella.

Relato recopilado por: Gilda Senior de Lehofer.

martes, 2 de noviembre de 2010

PADRE y MADRE

Cuando el Gran Padre se encontró por primera vez con la Gran Madre, ya Él poseía todos los dones. Ella en cambio, era lisa y nada su superficie adornaba, fuera de la aspiración que emanaba, como única expresión de sus oraciones. Entonces el Amoroso Señor, irradiando todo su amor le dijo: Quiero embellecerte, para más amarte. Ella sonrió, y su faz antes impávida y fría, empezó el embellecimiento, al reflejarse en ella la alegría, alegría que iba en su aumento. Primero recogió en su seno la gracia del Sabio, haciéndose de lo ordinario, cochanos y vetas de oro pesado, todos los metales, las piedras preciosas y aún las rudas cosas, grandes y pequeñas unos y otras, al igual que la jerarquía tenían las alegrías del Padre de los Padres. Quiso engalanarse más, peinarse en su faz, para así admirar a aquel ADORADO, quien de su triste pasado, un risueño porvenir prometía. Surgieron entonces las Selvas, de verdores radiantes, que cual adornos galantes, abanicaban suavemente la faz de la amante. Y los ríos vinieron como consecuencia de la sombra fresca, de la paz umbría; los ríos que nacían de las altas montañas rocosas, para que saltando de peña en poza y de poza en peña, dijeran por señas al Grande Señor, de su inmenso amor y agradecimiento. Uniéronse así las aguas risueñas de las cascadas, por las largas hileras, con las de las selvas aglomeradas humedades, para descender por valles y llanos hacia los desagues, y llenar de honduras, tristes peladeros que la Madre Tierra, allá en las lejanías, dejará vacías. En los arenales, en los anchos llanos o en los valles tristes, brotaron también solitarias palmas, frescos morichales o grandes pajales, ricos en verdor. Querían también ser, y como ya en las selvas, contribuir con su esplendor, que creciera el amor del Creador.
Sonreía a todo el Señor de los Ojos Dulces, el Padre Amoroso, galán eternal de la Tierra Hermosa. Comprendió entonces ella, que la gracia proseguía, que aún no lograra cuanto lograr podía.........y siguió creciendo, para que el Novio Celestial, en la belleza de su manantial, siguiese reflejando su propia belleza.
Sobre los altos picachos de las largas sierras, sugieron las nieves eternas, como aquellas canas con que la sabiduría, hija del Señor, adornara al Magnífico; marcáronse laderas, barrancos y hondonadas por donde corrían las nieves derretidas, hacia otros terrazgos; aglomeráronse nubes en aquellas alturas y acá en las honduras donde el frio no llega, hízose el calor.
Respiró la novia, feliz con tanta gracia, para entre las timideces de su virginal faz, expresar su contento, su agradecimiento, ante tanto amor. Pero el Señor dios aún no había concluído de dar sus dones a la Gran Amada. Quiso proseguir la sublime cruzada, hacer de cada latir de su corazón, muchos corazones.
Hizo así moradores para las altas montañas, para las selvas umbrías, para los llanos alargados, para las laderas, y aún para las honduras, ahora con aguas.
Cada palpitación , palpitación fué, brotando en caudales los animales, quienes repitieron en sus corazones, del Gran Señor sus emociones, al amar a la tierra como El quería, como ella merecía.
Fué así, como se arrastraron, deambularon , volaron o caminaron, nuevos seres; nuevos seres que llenaron sus propias emociones, las emociones del Todo. Hizóse emoción de la Madre toda la extensión, porque de su eternal virginidad, brotaron especies, vegetales y animales, en unísona canción, anhelo oculto dominado por los siglos de una desconocida oración.
Las esmeraldas de los bosques, los topacios de los llanos, los zafiros del mar, lleno todo movimiento, eran sentimientos palpitación continua de tanto adorar. La Madre habia dado, con este último esfuerzo y bajo la dulzura del Grande Admirado, todo a su anhelado. Ya nada aspiraba, porque ya el Gran dios con su fecundación, hiciera realidad cuanto en ella había de caridad. Fué entonces cuando el Señor, de su busaquita de buen peregrino, sacó a relucir el traje de novia, traje que tenia del cielo la historia.

Allí dibujados por su amor celestial, estaban estrellas, la luna y el sol. Unas en el centro, aquélla a un costado y éste del otro lado. Y a fin de no encontrarse en la misma vía, allí había gran separación. De un lado la luz, del otro lado las tinieblas, entre los dos engarces de sol y de luna, los varios coloridos, luminosos puntos de estrellas curiosas que nacieran de las cópulas habidas en auroras y crepúsculos, cuando él la amaba y ella le daba su vientre lleno, en las cálidas alturas, toda su hermosura en un nuevo brote, adorno del cielo.


Es ésta la historia que pocos conocen, de cómo la tierra estéril, impávida y fría, se hizo un emporio , una gran Madre, por obra del Padre, grande y generoso de todo corazón.


Leyendas Indígenas del Bajo Orinoco, Arturo Hellmund Tello.